Biografía Formativa



BIOGRAFÍA FORMATIVA

Una biografía formativa no es fácil de relatar con todo detalle, entran en juego todos los contextos en los que la persona ha crecido. Probablemente refleje unas experiencias que en el presente considere importantes para mi formación, pero puede que olvide otras que son significativas y que no sea consciente de ello. Por otra parte, la narración se impregna de constructos, valores y perspectivas personales que se intentarán explicar para que el lector pueda acercarse a mi filosofía de vida, la cual ha sido desarrollada a través de las experiencias personales, donde se incluyen las formativas.
Muchas personas entenderían por biografía formativa todos aquellos aprendizajes y vivencias relacionadas con la escolarización, pero ese crecimiento no se puede separar de nuestra vivencia en el seno familiar, en los grupos de iguales, etc., no tenerlos en cuenta es sesgar una gran parte de los aprendizajes que van conformando a la persona. En mi caso, mi proceso de crecimiento, desarrollo, aprendizaje y maduración depende (además de escuela, instituto y universidad) de mi familia, de los aprendizajes en los estudios de música y danza extraescolares, y de las relaciones que he establecido con los amigos/as, compañeros/as y resto de personas del contexto en el que me muevo. Seguramente si a partir de este momento realizara un diario constante de todo lo que me ocurre y lo que aprendo de ello, mi biografía formativa sería completa y detallada, pero si recapitulamos a acontecimientos pasados que no han sido grabados en la memoria y no han pasado por un proceso de reflexión y de total consciencia, es muy difícil (por no decir imposible) de asegurar la rigurosidad de una información completa que acerca a la plenitud de mi formación y de lo que soy hoy como persona.
A continuación relato mi biografía escolar, que distingo en tres apartados: El primero habla sobre las primeras experiencias de Infantil y Primaria en el Colegio Público Los Prados (Málaga); el segundo trata del resto de la Primaria vivida en el Colegio Público La Campiña (Estación de Cártama); y el tercero se centra en la Secundaria y Bachillerato en el I.E.S Valle del Azahar (Estación de Cártama). Después continúa con la biografía universitaria en la Licenciatura de Pedagogía en la Facultad Ciencias de la Educación, 2008-2012. Posteriormente intentaré expresar todo lo que ha implicado en mi formación los casi veinte años de danza, los estudios de música.

ETAPA PREESCOLAR Y PRIMARIA EN EL C.P. LOS PRADOS
Comencé mi vida escolar a los 4 años en el C.P. Los Prados. Venía un autobús que nos recogían a mis hermanos y a mí, ya que estaba lejos de nuestra casa. Educación Infantil se desarrollaba en la planta baja y digamos que permanecía aislada del resto del colegio, ya que tenía un patio pequeño sólo para nosotros, con columpios y flores plantadas bajo sus muros. No recuerdo mucho lo que hacíamos en clase, pero supongo que colorear, pintar, hacer fichas. Lo que más recuerdo del patio donde jugábamos eran las libélulas de distintos colores que volaban tranquilamente por allí: rojas, verdes, amarillas..., no me daban miedo, me parecían mágicas y pacíficas. Mis recuerdos sobre el lugar son borrosos y confusos, pero cuando recuerdo esos insectos multicolores siento una sensación de paz y tranquilidad, así que supongo que mi experiencia allí no fue mala. Por otro lado, la imposibilidad para no recordar nada de lo que realizábamos en clase me llena de decepción, ¿acaso no recuerdo porque no significó nada importante?, pero esa edad es muy importante para el desarrollo de los niños y niñas, estoy segura de que algo tuve aprender y que forma parte de mi estado actual, puede que se tratara solo del comienzo de un proceso de socialización (aprendizaje de normas, valores, rutinas, etc.) y de desarrollo psicomotor, lingüístico y social.
Los dos primeros años de Primaria en este colegio para mí son de los que menos recuerdos tengo pero los más añorados. Tenía dos mejores amigas: Ana Irene y Carmen. Los días soleados pasábamos el recreo en las escaleras que conducían a la biblioteca y allí hablábamos, cantábamos, jugábamos al escondite o al pollito inglés con otros compañeros que se apuntaban, o también podíamos dar un paseo por el gran patio y visitar las pistas donde jugaban los niños grandes. Los días lluviosos nos refugiábamos en el porche de la planta baja, donde cabíamos todos los alumnos e incluso sobraba espacio para jugar libremente. Recuerdo que un día me enfadé con una de mis amigas porque me mancharon la ropa de batido de chocolate, pero al día siguiente ya se me había pasado el enfado como si la inocencia de aquellos años nos borrase los malos recuerdos y nos enseñase sin darnos cuenta que la amistad es más importante que un jersey manchado.
Es curioso que sea una etapa añorada y sin embargo apenas recuerde vivencias de clase. He aquí la importancia que tiene la amistad y las relaciones con iguales para el desarrollo de las personas. Con esa edad, para mí lo importante era pasar tiempo con mis amigas, jugar con mi compañeros, y lo académico pasa a ser un conjunto de tareas y de tiempo que utilizamos para aprender de manera pasiva, dejándonos llevar por el docente y por la rutina de estar allí todas las mañanas de 9.00h a 14.00h. El incidente del batido está bien grabado en mi memoria, me sorprende cómo era yo entonces. En su momento, me enfadé mucho por la mancha que quedó en mi vestido, pero al día siguiente no había ningún tipo de rencor. Conforme he ido creciendo me volví una persona orgullosa y me pregunto por qué. Mi carácter fue volviéndose algo cabezota y es algo con lo que aún sigo combatiendo en la actualidad, se podría decir que esa niña indulgente de 6 ó 7 años, es un “yo pasado” que intento rescatar.
Mi profesora de 1º se llamaba Otilia, según mi madre porque yo no la recuerdo, pero sí recuerdo que las mesas estaban distribuidas de manera que formaban un cuadrado muy grande. Recuerdo un día en el que mi primo se puso malo (un primo segundo que también estaba en mi clase) y vomitó y yo fui a hacerle compañía mientras la profesora llamaba a su madre, el olor no era nada agradable pero en ese momento seguramente necesitaría a alguien que estuviese a su lado, así que permanecí a su lado hasta que vinieron a recogerlo. Este suceso lo recuerdo porque en cierto modo fue una de las primeras experiencias en las que aprendí que a veces hay que hacer cosas por los demás para que se sientan mejor, aunque para nosotros no sea lo más agradable o deseable. Al menos eso creo que pretendía la maestra, que mi primo se sintiera mejor al tener a alguien de su familia cerca.
En 2º tenía un profesor que recuerdo como un señor respetado por todos, de estos profesores que tienen mucho carácter y dan un poco de miedo pero que trata bien a sus alumnos. Un día practicamos en dibujo los relieves, salíamos al pasillo y colocábamos un folio encima de la cenefa y para colorear con una cera, de manera que se quedaba en el papel el dibujo de la cenefa. ¿Por qué recuerdo esta actividad y no otras? Seguramente porque supuso algo fuera de lo común, el hecho de salir de clase para colorear relieves de otros espacios que no son el aula me gustó. Además, me hizo fijarme en los dibujos que formaban las cenefas del centro, algo que ignoraba hasta entonces.
En mi clase nunca había conflictos (y tampoco en el colegio en general), la niña “más lista” de la clase se llamaba Laura y los niños eran muy simpáticos y graciosos. Esto se considera currículum oculto (contiene todo aquello que los alumnos perciben, asimilan y aprenden que no esta recogido en el currículum oficial), ya que aunque no sea explícito, las conductas de algunos docentes hacia los alumnos/as etiquetan según características superficiales. Los discentes captan a través del trato lo que los docentes esperan de ellos, estas expectativas comienzan a tomar parte en la autoestima y, en general, en el desarrollo del autoconcepto de cada uno. Poco a poco, los alumnos/as van captando su rol dentro del grupo de clase (puede ser consciente o inconscientemente) y, dependiendo de los contextos de cada uno pueden asimilarlo o luchar por cambiar ese rol. Yo recuerdo que quería destacar académicamente, pero aunque obtuviese buenos resultados y tuviera buena conducta Laura seguía siendo “la más lista”.
También teníamos un huerto que lo cuidábamos entre todas las clases. Cada clase tenía una serie de tareas, pasábamos allí algunos ratos moviendo, tierra, plantando, regando, e incluso obtuvimos nuestra recompensa viendo a las plantas crecer y dar frutos. Aunque no fuera consciente de ello, aprendíamos a trabajar en el huerto con el orgullo de saber que era algo de todos, una responsabilidad compartida y además era más divertido que estar en clase.

ETAPA PRIMARIA EN EL C.P. LA CAMPIÑA
No llegué a terminar el segundo curso en este colegio porque tuvimos que mudarnos a la Estación de Cártama e ir a otro colegio. Mi nuevo colegio, C.P. La Campiña, fue para mí la mayor tragedia porque no me gustaba nada: en aquel entonces lo percibía como feo y los niños unos salvajes en comparación con mi perfecta clase de Los Prados. En primer lugar, mis nuevos compañeros me hacían el vacío, porque era la nueva y quizás les desagradaba tener que acostumbrarse a una nueva alumna que encima entraba a mitad de curso. Poco a poco algunos se atrevieron a dirigirme la palabra y pronto se dieron cuenta de que no era tan rara. Mis nuevos amigos no estaban mal, pero seguía sin gustarme el colegio en sí, los niños se peleaban entre ellos y el recreo era muy ruidoso. Este cambio supuso para mí un choque de contextos: en mi otro colegio tenía a mis mejores amigas y unos compañeros/as con los que me llevaba bien, de pronto tengo que acostumbrarme a otro lugar y a otras caras. No sé con seguridad ahora si era realmente más ruidoso, pero sí es cierto que había muchos problemas de convivencia.
Recuerdo un día que me castigaron por hablar, contra la pared. Creo que fue porque hablaba mucho con un compañero. Me sentí muy avergonzada estando allí de pie mientras el resto de mis compañeros continuaban la clase sentados, además me preguntaba ¿qué van a pensar mis compañeros de su compañera nueva? Ha sido la única vez que me han castigado, pero otras muchas veces han sido mis compañeros los que han tenido que permanecer de pie o cambiarse de sitio. Los castigos o refuerzos negativos, pretenden que aprendamos a través de una mala experiencia a obedecer al maestro/a, de manera que la relación que se establece entre docente-discente es jerárquica, donde el maestro/a ejerce un poder sobre su alumnado.
Otro día al terminar una clase de Educación Física fui a la fuente a beber y Jesús Doblado, uno de los niños que más molestan en clase, me hizo reír, no recuerdo qué hizo exactamente pero era la primera vez que intercambiábamos palabras, o mejor dicho risas. Supongo que lo que percibí fue que a pesar de que formamos unas ideas preconcebidas sobre los demás, cualquier persona te puede sorprender y hacerte sentir bien.
En 3º ya me acostumbre a mis compañeros y conocimos a la tutora que estaría con nosotros tanto en ese curso como el siguiente, Isabel Mayoral, un tanto dominante pero se acaba uno acostumbrando. Las mesas tenían una disposición particular: todas formaban un cuadrado y los niños que se portaban normalmente mal se sentaban con su mesa dentro del cuadrado, separados unos de otros, supuestamente porque se distraían si estaban juntos a dos compañeros y dentro del cuadrado. En mi opinión así les está etiquetando de cafres, de que son distintos a los demás y por eso se tienen que sentar en un sitio especial. Yo me sentaba entre mi amigo Daniel y Jordan, que era un alumno nuevo de Burgos. Tampoco recuerdo cómo era el desarrollo de las clases, pero sacaba muy buenas notas, la única pega que siempre pusieron mis profesores de Primaria era mi costumbre de hablar con los compañeros.
En Educación Física siempre teníamos la misma profesora, Gloria, una mujer muy seria que tras dejar nosotros el colegio pasó a ejercer de directora, a lo cual siempre he oído malas críticas. Normalmente hacíamos diversas actividades: practicar algún deporte, juego tradicional, tipos de salto, bailes, aerobic, etc. Recuerdo que en 4º tuvimos que montar una coreografía y nos la puntuaba. Mi baile les gustó mucho a mis compañeras y le pidieron a la profesora que lo hiciésemos en la fiesta de fin de curso. De modo que me convertí en la coreógrafa y me gané mayor respeto de mis compañeras y eso me gustó. Un día una compañera que yo sentía que no le caía bien, me dijo que mi baile era una porquería y me hizo llorar. Creo que no lo pensaba realmente, no sé por qué lo hizo, quizás porque la situación no era “lo normal” y a ella le gustaba más cuando yo no destacaba entre los demás.
En este año hice la primera comunión. Mis compañeros de catequesis eran también los del colegio. Yo vivía la religión con mucha devoción: realizaba todos los ejercicios que mandaba la catequista, no faltaba a misa los domingos y participaba en el coro, e incluso todos los días antes de entrar al colegio obligaba a mi madre a llegar a la iglesia para darle los buenos días a Jesús (la iglesia esta junto al centro educativo). Me sorprendo a mi misma cuando lo recuerdo, era muy creyente y ahora, por circunstancias de la vida, cuando vas creciendo y viendo cosas que ocurren y te decepcionan, estoy en un momento de incertidumbre, de crisis, incluso de no querer pensar en ello. ¿Qué pasará después de la muerte? Muy recientemente he vuelto a darle vueltas al asunto y sé que cuando encuentre una respuesta que me convenza, cambiarán muchos esquemas y concepciones personales que influirá en cómo ver a los demás, al resto del mundo. En este mismo año mis padres comenzaron los trámites para separarse.
En 5º y 6º tuvimos el placer de tener a la Sta. Remeditos que era muy buena y se preocupaba por todos nosotros. Rezábamos todos los días antes de empezar porque ella es muy creyente, a nosotros no nos disgustaba. Yo nunca me sentí mal por ello, aunque ahora eso escandalizaría a cualquiera. Todos mis compañeros estaban bautizados en la religión cristiana y eso ahora es imposible que ocurra, la sociedad, las personas y la escuela son muy diferentes y tan solo han pasado diez años desde que finalicé la educación primaria.
Remeditos se irritaba cuando hablábamos mucho y todos los días pasaba mesa por mesa para ver si teníamos los deberes hechos. Con respecto a mis amigos, mi relación empeoró porque yo pensaba que la situación en mi familia no afectaba a mi día a día pero no es cierto. No me daba cuenta de que a veces actuaba de manera injusta con mis amigas, pensando en mi misma, egoístamente. Por ejemplo, en un examen le pedí a Almudena que me chivara una pregunta y me la dijo y luego ella me pidió lo mismo después y pasé de ella y eso no fue justo porque yo me aproveché de ella y luego no le devolví el favor y así cosas parecidas que a mis amigas les molestaron. Un día me enteré que hablaron con Remeditos de los problemas que tenían conmigo y ella les dijo que se pusieran en mi situación, que seguramente lo estaba pasando mal y no era consciente de lo que hacía. Tenía razón, cuando me enteré de eso fue como si se encendiera una bombilla y vi que no era tan fuerte como creía. Yo pensaba que era implacable, que el hecho de que mi padre al que siempre he adorado ya no viviera con nosotros, no influiría en el colegio. Yo intentaba parecer contenta y normal, porque mi madre lo estaba pasando muy mal y yo no quería que se sintiera peor aun, de hecho mis hermanos actuaron de la misma forma que yo. Mis notas no bajaron en ningún momento, y quizás camuflara el cambio tan brutal que hizo que mi infancia ya no fuera plenamente feliz, pero esa situación me hizo cambiar, ver a mis padres y al mundo de otro modo, madurar.
Después de superar mi problema de convivencia tuve uno nuevo. Jesús Doblado la tomó conmigo porque él pasaba con amigos suyos del futbol y tiraban piedras al portón de mi garaje y un día lo vimos, entonces yo en el colegio le dije que dejase de apedrear nuestro portón y me tomó manía. Me gritaba muy cerca de la cara diciendo que él no era el que tiraba piedras, me agarraba fuerte del brazo o me empujaba. Una vez estuve a punto de caerme por las escaleras. Al final no recuerdo cómo terminó la historia pero él me dejó en paz y entre nosotros quedó una relación nula. Yo no tenía muy buena relación con los más conflictivos ni ellos conmigo, siempre me he mantenido a cierta distancia, porque a ellos tampoco les gustan los “empollones”. Día tras día, dependiendo de cómo actuamos y cómo nos ven los demás adquirimos o elegimos un rol o una etiqueta que sesgará la percepción de nosotros mismos y de los demás. Aquellos con un rol de alumno/a conflictivo/a solo dejan ver lo peor de ellos (o los demás solo quieren ver eso) y ahora pienso que he perdido muchas oportunidades de conocer virtudes de personas que me rodean. Del mismo modo pienso que aquellos que me han rechazado por “ser empollona” se han perdido lo bueno que hay en mi y, aunque yo siempre me he esforzado por dar lo mejor no he llegado a todos. Por otra parte se dice que no se le puede caer bien a todo el mundo, que no sé si es un consuelo o una excusa.
Recuerdo el último día de clase. Colocamos las mesas en forma de U y trajimos cada uno bebidas y patatas. Mi amiga Miriam quiso gastarle una broma a Remedito: se tiró al suelo y se hizo la inconsciente. Nosotros fingíamos preocuparnos por ella y la maestra se asustó mucho hasta que Miriam se empezó a reír. La Sta. Remedito se mosqueó pero se le pasó pronto. A pesar de no haber pasado unos años muy buenos en este colegio, me dio mucha pena irme de él porque Remeditos era una maestra muy buena, todos la queríamos. Muchos de mis compañeros/as lloramos porque no queríamos separarnos al pasar al instituto.

ETAPA SECUNDARIA EN EL I.E.S. VALLE DEL AZAHAR
Comenzamos la secundaria en el I.E.S. Valle del Azahar. Era una experiencia nueva ya que nos juntábamos alumnos/as de todos los colegios y las clases estaban compuestas por más alumnos, la mayoría no conocidos. Por otra parte, muchísimos profesores, uno por cada materia. Costaba acostumbrarse a tantos profesores. Me tomé la Secundaria con mucha seriedad, incluso dejé de ser charlatana en clase, poco a poco en lo que llaman una “estudiante modelo” para los profesores y una “empollona” para los alumnos. ¿Qué es una estudiante modelo? Una alumna con capacidad de adaptación al sistema educativo, que siempre sabe analizar al docente para responder a las demandas y a las expectativas que tiene con su alumnado, inteligente y creativa en pensamiento y en las tareas, siempre haciendo intervenciones que resultan interesantes para el profesor/a y atenta a las clases. Esas eran mis habilidades, mi inteligencia la utilizaba y la desarrollaba en favor de buscar esa perfección en constante proceso. Por otra parte, respecto a mis compañeros/as prefería pasar desapercibida, con aquellos/as con los que más me relacionaba era con los más cercanos, el grupo de amigos del colegio.
Mi clase de 1º ESO estaba compuesta por unos compañeros simpáticos en su mayoría, una clase charlatana pero no habían “alumnos problemáticos”, creo recordar sólo a dos que eran un poco gamberros. Los profesores muy diversos. Recuerdo a Rosa Pilar que nos daba la asignatura de Ciencias Naturales y era muy mandona y autoritaria. Utilizábamos el libro de texto y nos mandaba muchas actividades para casa. La profesora de Lengua Castellana era Marisol, una mujer muy seria pero muy sabia, siempre mostrando su forma de pensar y sus ideales. Regañaba mucho a los charlatanes y era severa, pero se hacía respetar. Leímos en clase un libro titulado Las Brujas e hicimos un comic sobre el capitulo que más nos gustase. Todavía guardo mi trabajo, me quedó bastante bien (por esa edad comencé a perfeccionar mi habilidad para dibujar) y después los expusimos todos en el salón de actos. También vimos la película que basaron en el libro. Todos lo disfrutamos mucho.
Julio era nuestro profesor de Educación Física y me tenía mucho cariño porque mi hermano Carlos también fue su alumno. En ese aspecto tuve mucha suerte porque todos aquellos profesores que me dieron clase y que anteriormente le dieron a mi hermano hablaron muy bien de los dos. Por una parte puede parecer que mi hermano me preparaba el camino hacia el favoritismo con los profesores pero por otra parte yo también me lo ganaba con el trabajo diario y mis habilidades antes descritas. Don Miguel era el Secretario del centro y el profesor de Ciencias Sociales, era muy divertido aunque daba un poco de miedo porque se metía con los alumnos que hacían o decían tonterías y siempre había que tener cuidado con que no te llamase la atención porque te podía dejar en ridículo. Explicaba muy bien. Pienso que, aunque la enseñanza tradicional no es lo más recomendable pedagógicamente, muchos profesores son perfectos oradores y se explicaban realmente bien. Si conseguían captar la atención del alumnado sus explicaciones podían resultar muy interesantes, aunque por otra parte a los que no captaba la atención son los fracasados escolarmente, porque no han podido adaptarse al estático sistema tradicional educativo.
En 2º ESO tuve una experiencia de lo más traumática porque habían muchos niños que buscaban problemas continuamente y hacían todo lo posible para no dar clase, era casi imposible tener una hora de clase sin problemas. Teníamos una profesora, Soledad, que salía incluso llorando de clase. Ésta profesora en parte me parecía injusta porque me ignoraba a veces: siempre mandaba leer a los mismos y a mí nunca me nombraba; por otra parte, para los deberes casi todos los días me los pedía porque desconfiaba de que yo no los tuviese hechos y me molestaba que no me estimara como una de las mejores estudiantes. Estábamos sentados individualmente por ser una clase muy problemática.
Un día Trigo (que era uno de los líderes del grupo de alumnos que molestaban) y Antonio trajeron una banda de la policía y la pusieron en la puerta antes de que llegase el profesor o profesora (que no recuerdo cuál fue). Cuando llegó el profesor/a se formó un buen jaleo y vino el jefe de estudios y el director. Nos castigó a toda la clase porque ordenaron decir quién fue el que puso la cinta y nadie quiso ser el chivato, así que nos castigó a toda la clase copiando una frase muy larga y quien no las terminase a tiempo no saldría al recreo. Me entraron muchas ganas de llorar porque yo no tenía por qué pagar por una cosa que no había hecho, además la idea de no salir al recreo me agobiaba bastante. Por suerte terminé a tiempo y me fui con la satisfacción de que los verdaderos culpables no tenían tanta agilidad con la muñeca para escribir. En aquel entonces los odiaba, odiaba a aquellos que no me dejaban tener una clase completa sin interrupciones, estaban constantemente llamando la atención. Ahora cuando los veo por el pueblo me pregunto qué tal les irá, si han tenido alguna experiencia que les haya ayudado a cambiar, que sea educativa para ellos. También me parece que ellos no se acuerdan de mi, y me resulta extraño porque hemos pasado nueve meses en un mismo aula y sin embargo no hemos compartido nada.
Ese mismo año conocí a Lucas, el profesor de Educación Plástica que también fue profesor de mi hermano. Me tomó muchísimo cariño, todos los días me preguntaba por mi hermano porque se interesaba mucho por sus estudios de música, y siempre valoraba mis esfuerzos y mis trabajos. Era un tanto petulante y hablaba de manera muy pomposa. Ignoraba a los alumnos problemáticos y la asignatura la centraba en distintas actividades muy técnicas, algunas dejaban volar la creatividad, otras no.  A mi me gustaba mucho sus clases porque la asignatura en sí siempre me ha encantado, además Lucas me trataba muy bien y me sentía segura y valorada en sus clases.
Este año mi clase en general no fue de excursión de fin de curso por ser tan problemática, pero algunas madres se quejaron y nos dejaron a los que nos portábamos mejor ir con los otros grupos. Fuimos a Isla Mágica al igual que el año pasado y lo pasamos muy bien, a pesar del calor y de las largas colas de espera para las atracciones.
En 3º de ESO tuve unos compañeros que se portaban mejor, además que estaba con dos amigas del colegio: Miriam y Cristina. Nuestra tutora ese año fue Ana Francisca que daba Lengua Castellana y era muy buena. Se preocupaba mucho por las quejas que daban los otros profesores de nosotros, que decían que hablábamos mucho, y pasábamos muchos ratos hablando sobre nuestro comportamiento y cómo mejorarlo.
En matemáticas estábamos separados por nivel y nos mezclábamos con otro grupo. Mi grupo que era el alto y se daba en el aula de Dani (antiguo compañero del colegio). Rogelio era el profesor, un amante de las matemáticas que tenía una voz nasal. Le gustaba mucho contar chistes malos en la clase, de hecho el pero chiste que he oído fue suyo. En estas clases se respiraba competitividad, todos éramos alumnos/as con muy buenos resultados académicos. El ritmo de avance en los contenidos era rápido y yo comencé a sentirme torpe en las matemáticas. Podía realizar todos los razonamientos lógico-matemáticos y operaciones, el problema es que necesitaba un poco más de tiempo que los demás y tenía la necesidad de repasar los problemas después de terminarlos para corregirlos y asegurarme de que estaban bien. De manera que, aunque en los exámenes hacía los ejercicios correctamente, sacaba menos nota porque me faltaba tiempo para terminarlos.
Lo pasé reamente mal con la asignatura Física y Química que la impartía Antonio Burgos, un hombre inexpresivo que nos dormía con su forma de hablar. Me costaba mucho esa asignatura porque el libro era muy complejo y el profesor no explicaba bien. Suspendí un examen con un 4 y pico y temí suspender la asignatura (cosa que nunca me había pasado). Era la primera vez que suspendía un examen en mi vida y me sentí realmente mal, sabía que la culpa no era mía ya que suspendimos casi todos los alumnos/as y que haría todo lo que estaba en mi mano para superarlo. De modo que tomé clases particulares y me lo preparé muy bien. El día del examen lo hice bien y terminé antes de tiempo. El profesor no quiso recoger mi examen hasta el final de la clase y Ana, una niña que había detrás de mí me pidió que le dejase copiar. Ella era una compañera que no sacaba buenas notas y yo sabía que apenas había preparado el examen, pero sentía simpatía por ella y no pude negarme a ayudarla. El profesor nos pilló y nos quitó el examen. Todo mi esfuerzo y preocupación por sacarme la asignatura se vio roto por dejar copiar a una compañera. Ella le pidió al profesor que no me bajase la nota que era culpa suya pero él disfrutaba con la idea de habernos cogido con las manos en la masa y no la escuchó. Mi madre no me regañó, de todas formas yo ya sufría bastante, sabía el esfuerzo que me había costado preparar ese examen. Al final el profesor guardó mi nota aprobada de ese examen y me bajó la nota final del trimestre pero aun así conseguí aprobar. Ana no aprobó y yo no recuerdo absolutamente nada de esa asignatura, todos los sudores y lágrimas solo sirvieron para aprobar una asignatura que solo me trae malos recuerdos.
Así fue como empecé a aborrecer las matemáticas y las ciencias en general. Ahora me pregunto si las cosas hubiesen sido distintas si me hubieran dejado más tiempo para aprender y demostrar que lo importante no es hacer las cosas rápido, si me hubiesen ayudado a entender el sentido de lo que intentaba aprender y vivirlo con consciencia y emoción. Probablemente, si me hubiese sentido motivada y capaz con las matemáticas y la física y química ahora estaría realizando unos estudios de otra especialidad, pensaría distinto, conocería otros conocimientos y personas, sería una persona muy diferente o quizás no. Puede que lo que me ha ocurrido hasta ahora haya sido lo mejor para mi, o puede que pasase lo que pasase yo tendría que llegar a los mismos puntos esenciales. Considero que mi formación está cerca del sentido de completa porque me ha aportado muchas cosas personales e íntimas que influyen en mi forma de ver el mundo, a los demás y a mí misma.
4º ESO fue para mí el mejor curso porque cada uno escogía su rama o especialidad y en el grupo de alumnos iban quedando los supervivientes, los que habían aprobado la mayoría de las asignaturas y que por lo tanto tienen un mejor comportamiento debido a la capacidad de adaptación al sistema. Yo escogí las Humanidades por dos razones: mis malas experiencias y limitaciones que se generaron  en las ciencias y, por otro lado, la preferencia hacia las humanidades al estar más familiarizada con ellas (en el sentido literal, mis hermanos mayores también son de humanidades). Me hubiera gustado también la especialidad de artes, pero en mi centro no lo ofertaban y no podía irme a otro lugar.
Me encantaba mi horario porque teníamos tres horas a la semana de Educación Plástica y otras tres de Música. En música continuábamos con Alex que era muy buen profesor: joven, simpático y nos daba muchas partituras para flauta dulce que nos gustaban. Tocábamos mucho la flauta y dábamos unos contenidos muy interesantes. Gracias a este profesor comencé mis estudios de Enseñanzas Elementales de Música porque fue él el que nos contó que iban a abrir una escuela en el pueblo y repartió folletos a todos los que nos interesamos.
BACHILLERATO EN EL I.E.S VALLE DEL AZAHAR
En Educación Plástica teníamos de nuevo a Lucas que continuaba igual que siempre, hacíamos unas prácticas geniales como el arte natural que trabajamos pintando rocas. Me disgustó que a final de curso no me pusiese un sobresaliente porque yo fui la que más me esforcé de la clase e incluso hice prácticas voluntarias.
En 1º Bachillerato estábamos en la misma aula Humanidades y Ciencias Sociales. Éramos muchos alumnos y para los exámenes siempre había problemas para ponerse de acuerdo con las fechas. Cada especialidad miraba por sus propios intereses y quería poner los exámenes cuando mejor les convenía, apenas había sentimiento global de grupo. Era nuestro último curso de Educación Física y nos daba un profesor apellidado Olmedo. Con él hacíamos prácticas diversas: baloncesto, pruebas físicas, relajación, bailes de salón, juegos de orientación... Le gustaba promover la competitividad y le gustaba que fuésemos competitivos. Yo siempre me exigía mucho en las pruebas físicas y sacaba buenas marcas a pesar de ser asmática. Gracias a mi afán de superación aumenté mi capacidad pulmonar (además de los ejercicios de respiración con el instrumento musical) y también mi resistencia. La bronquitis asmática que siempre me ha acompañado me ha hecho pasar muchos días de hospitales pero conforme he ido creciendo se ha vuelto más leve y controlable, ya en Primaria era capaz de mantener la calma en los momentos de crisis y relajarme para que no empeorase.
Como examen de fin de curso teníamos que montar un baile en grupo. Siempre había mucha rivalidad en eso. Yo tuve conflictos con mi grupo y acabé formando otro con dos amigas. Al final todos sacamos buenas notas y seguimos siendo todos amigos sin rencores, alegrándonos de que todos hayamos hecho nuestro baile bien.
Tuvimos un grave conflicto con el profesor de inglés, José, era un hombre muy inteligente pero un incompetente con sus alumnos/as. Iba a montones de programas de la televisión a demostrar todo lo que sabía, pero después en clase apenas explicaba, se pasaba todo el rato contando sus historias y después preguntaba en los exámenes lo que quería. Hablamos con nuestra tutora porque nos preocupaba ir mal preparados para Selectividad y ella habló con él pero seguía sin cambiar. A final de curso suspendió a gente que le daba aprobada la media, como a mi amiga Alba. Algunas madres se quejaron a él y a la jefatura de estudios. Por último intervine yo en el Consejo Escolar y algunas madres me apoyaron también. Finalmente le abrieron un expediente y revisaron todos los exámenes de todos los alumnos a los que le había dado clase, tanto de Bachillerato como de la ESO, y aprobaron a aquellos que de que realizaron bien los exámenes. También conseguí la promesa de que no nos lo asignarían como profesor de 2º. Lo pase realmente mal, porque yo nunca critico a los profesores y menos delante del Consejo Escolar.
En 2º Bachillerato pasamos muchos agobios con Selectividad. El objetivo de los profesores era prepararnos para las pruebas y que sacásemos buenos resultados. Mi profesor de Latín y Griego, José María, era uno de los mejores profesores que he tenido nunca. Además de darnos el contenido para selectividad, nos contaba muchos mitos y curiosidades importantes. Es el marido de Toñi, la profesora de francés del año anterior, que también era muy buena con nosotros. Cuando teníamos problemas con otros profesores nos escuchaba y nos apoyaba. Tuvimos un problema porque la profesora de francés de ese año faltó todo el segundo trimestre y quería ponernos un examen donde nos preguntaría lo mismo que en el trimestre anterior. Nosotros estábamos muy agobiados con tantos exámenes y no queríamos volver a examinarnos de algo que ya teníamos aprobado, de manera que fuimos a hablar con nuestra tutora y a ella le dijeron que no, que teníamos que hacer el examen y se conformó. Después fuimos a hablar con el jefe de estudios y nos vio el director, se comportó de una manera muy autoritaria diciéndonos que no nos íbamos a librar del examen porque nosotros quisiéramos. Le contamos nuestro problema a José María y se indignó muchísimo, además comentó nuestro problema con Toñi y ella también estaba de nuestra parte. De modo que nos dijo que presentásemos una petición formal en secretaría comentando nuestro problema, de manera que tendrían que estudiar nuestro caso y respondernos en 48 horas, incluso nos aconsejó sobre cómo escribirlo. Presentamos el escrito y una copia, nos las sellaron y nos quedamos con la copia como resguardo. Al final, se dieron cuenta que no podían volver a examinarnos de lo mismo sin haber dado ni una clase de francés en todo el trimestre y salimos ganando para desgracia del director.
Juanjo fue nuestro profesor de Lengua y Literatura en 1º y 2º y era también un profesor muy especial. Era muy nervioso y explicaba de una manera muy rápida, de modo que teníamos que estar muy despiertos en sus clases o sino no nos enterábamos. En el análisis sintáctico de oraciones explicaba todas las veces que hiciera falta porque había compañeros que tenían muchas dificultades para hacerlo. Era muy carismático, tenía unos gestos un poco afeminados y nos reíamos mucho con él. No usábamos libros de texto, lo que leíamos eran apuntes realizados por él. Hoy no lo consideraría innovación educativa, pero era diferente a lo que hacían el resto de profesores, y Juanjo era especial por su carisma y personalidad.
María, de Filosofía, era una mujer fría y siempre mantenía una relación distante con sus alumnos. Alumnos/as de otros cursos se metían con ella e incluso esta profesora había tenido conflictos con profesores, pero nosotros supimos respetarla y acabó teniéndonos cariño. Esta mujer olía un poco mal y se notaba que estaba totalmente desencantada con su trabajo, motivos por lo que creo que perpetuaba la misma situación año tras año. Al final de curso le hicimos un regalo por haberse portado tan bien con nosotros y le chocó bastante, no sabía que decir ni hacer y quiero pensar que marcamos su vida con ese gesto.
Senperez era el profesor de Historia y era muy presumido: vestía de traje y siempre iba muy bien peinado. Era cruel con nosotros porque cada vez que daba la nota de los exámenes se mofaba de nuestros errores para dejarnos en ridículo. Conmigo no se metía nunca, supongo que porque conocía a mi hermano y sabía que era buena estudiante. Era el tipo de profesor tradicional que se ganaba el respeto con el miedo, siempre vestido con traje y que basaba sus clases en discursos magistrales, subrayados dictados por él y exámenes.
Historia del Arte era una asignatura que me encantaba. Siempre había tenido m mucho interés por todos los estilos de arte y por fin en mi último año de instituto pude estudiarlo. Los exámenes con una gran cantidad de contenidos rompían el encanto y me obligaron a memorizar muchas cosas que ahora he olvidado, pero a pesar de todo algo se me quedó y puedo aplicarlo cuando estoy en contacto con arte gracias a los análisis que realizábamos de las obras. La profesora se llamaba Carmina, una mujer muy alta y dulce. Propuso salidas por el centro de Málaga para ir al Centro de Arte Contemporáneo y otros lugares y lo pasamos muy bien.
Finalmente, mi gran sorpresa fue que obtuve la matrícula de honor. Yo tenía buenas notas, además de haberme presentado voluntariamente a los exámenes de recuperación para subir mi nota media para selectividad, pero aun así no me la esperaba. En parte me hacía ilusión por mi madre, porque sabía que a ella le gustaría que me la diesen. El día que fui a recoger las notas me dijo un compañero “felicidades, Rosa”. Yo me quedé extrañada y le pregunté por qué me felicitaba y me dijo que por la matrícula. Me acerqué incrédula a la vitrina donde tenían la lista de matrículas de honor y vi mi nombre. Me quedé bastante sorprendida y me emocioné muchísimo. Cuando se lo dije a mi madre por teléfono se echó a llorar de alegría.
Fui representante del alumnado en el Consejo Escolar durante cuatro años, desde 3º ESO hasta 2º Bachillerato. Se podría decir que fui miembro ejemplar porque, al contrario que los otros representantes, iba a todas las reuniones y además reunía regularmente a los delegados para informarles y recoger ruegos y preguntas que después llevaría al Consejo Escolar. Ahora sé que podría haberme implicado aun más y hacer mas cosas para ayudar al alumnado y favorecer un clima de convivencia mejor, pero en aquel entonces sería demasiado para mi, no tenía la madurez y los conocimientos que tengo ahora después de realizar la carrera.
Selectividad fue una experiencia horrible para mí. A mi instituto le correspondía el aulario Gerald Brenan para realizar las pruebas. El primer día fue traumático porque había un gran caos en la organización y había muchísimos estudiantes nerviosos, repasando apuntes. De la mayoría de los exámenes salía contenta, pero Inglés e Historia del Arte me preocuparon muchísimo. El inglés no era uno de mis puntos fuertes pero tampoco se me daba mal; entendía el texto del examen pero no las preguntas y sabía que seguramente lo suspendería. Historia del Arte era la prueba que más me preocupaba porque los bloques de contenidos eran abismales. Recuerdo que ese día lloré en mi casa porque estaba muy desanimada, temía suspender Selectividad por no llegar al cuatro en Hª del Arte. Finalmente saqué un 4´5 en Inglés y algo más de un 5 en Hª del Arte. Debido a esto bajó considerablemente mi nota media pero aun así tenía suficiente como para entrar en Medicina si se hubiese dado el caso.
El problema es que no sabía qué carrera realizar. Tenía facilidad para hacer prácticamente cualquier cosa, debido a mi capacidad de adaptación y al gusto por aprender (aunque la forma de aprendizaje no sea educativa), pero ¿qué profesión era la más indicada para mí y mi futuro? Comencé a mirar carreras y salidas profesionales utilizando un programa de ordenador llamado Orientación y también consultando los planes de estudio en las web de las universidades. Pensaba en el Magisterio Musical pero un conocido me dijo que si pretendía aprender sobre música no me ayudaría. También me gustaba la Psicología porque me interesaba saber más sobre el ser humano. Finalmente leí acerca de la Pedagogía, todo lo que estudiaba me interesaba y además añadía la dedicación y ayuda a los demás. Pensé que era la carrera que más se adecuaba a mí, que me enriquecería como persona e intelectualmente. Tomé la decisión de ponerla como primera en la lista de preinscripción, una decisión que marcaría mi futuro.
Así fue como terminé una etapa larga e importante en mi vida. Sentó las bases de aprendizajes que llegarían después y definió algunas características de mi personalidad. El sistema educativo y las experiencias que viví hicieron que adoptara una actitud competitiva individual de superación personal. Mi motivación intrínseca por aprender me lo ha infundado mi familia, pero muchas veces ha flaqueado ante las injusticias y dificultades, teniendo que limitarme a responder a las demandas de los docentes que exigían un aprendizaje memorístico. Con el resto de alumnado apenas he establecido relaciones estrechas, supongo que por el individualismo que me definía y por las connotaciones negativas que despertaba en los demás por ser una alumna “empollona”. Muchas veces pienso que podría haber aprendido mucho más si hubiese intentado acercarme más a los compañeros/as que me rodeaban, en lugar de centrar mi atención en los docentes y lo académico.

UNIVERSIDAD: FACULTAD CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
Pedagogía fue una revelación, una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. El primer día de clase conocí a Paloma, la que sería mi mejor amiga y compañera hasta ahora. Paloma me ha enseñado muchas cosas: bailarina en formación que concilia el horario de la universidad con el del conservatorio, gran resistencia y responsabilidad ya que es muy difícil llevar al día todos los trabajos y estudios de la facultad teniendo todas las tardes ocupadas de 16.00h a 21.00h con ejercicios físicos. Paloma soportaba además las continuas vejaciones psicológicas a la que la sometía una profesora que intentaba forzarla a que deje la danza. Por si fuera poco, Paloma ha tenido que cuidar de su madre que pasó por una grave enfermedad. Por esas razones y por la bondad que rebosaba, Paloma se convirtió en un ejemplo a seguir para mí, una persona con un corazón de oro a la que intenté ayudar en todo lo posible a lo largo de los cuatro años de la carrera.
La inauguración de la carrera la tuvimos con la asignatura Teoría de la Educación, con Mariana Alonso, la mejor profesora que podría haberlo hecho ya que hizo que nos sintiéramos muy bien. Comenzamos a trabajar en grupo, a exponer en clase, a realizar un portafolios (cosa que jamás había hecho). Iba todos los días con mucha ilusión y ganas de aprender. No todo fue color de rosa ya que tuve muchos problemas con mi grupo de trabajo: Paloma y yo éramos las que siempre cargábamos con todas las tareas mientras el resto no hacía prácticamente nada. Al final de curso terminé discutiendo con mis dos compañeros, lo que produjo que al año siguiente no continuásemos trabajando juntos.
En Didáctica General, con Encarna Soto, tuve mi primer contacto con la innovación educativa. Realizábamos asambleas, lecturas, debates y lo mejor de todo fueron las prácticas en los centros educativos. Yo tuve el placer de conocer a Don Diego Rodríguez, maestro que trabajaba con sus alumnos/as a través del juego dramático además de otras metodologías participativas como la realización de un periódico, maquetas, etc. Nos impresionamos tanto de cómo aprendían los alumnos/as de 6º de Primaria que quise aprovecharlo al máximo, me impliqué todo lo que me dejaron. Iba fue del horario establecido para ayudar a Don Diego a montar coreografías, a ayudar a los alumnos/as en las funciones de teatro que realizaron, etc. Mis esquemas sobre la escuela y la educación cambiaron, y me lamenté por no haber vivido una experiencia así durante mi escolarización. De todas formas, nunca es tarde para aprender, el día de nuestra exposición al resto de compañeros sobre nuestras prácticas realizamos un juego dramático. Era la primera vez que hacíamos una exposición larga, con presentaciones y además actuábamos. Supuso una superación personal enorme y me ayudó a apreciar cómo aprendían y cómo se sentían los discentes que tenían la suerte de tener a Don Diego como maestro.
El resto de asignaturas también me parecían interesantísimas (Sociología de la Educación, Psicología del Desarrollo), me acercaban a comprender mejor el mundo en el que vivimos, las personas. Antropología de la Educación fue un tanto difícil de sobrellevar. El brillante aprendiz era el libro sobre el que giraba toda la asignatura y era complejo para mi edad. Las clases consistían en escuchar a Felipe Vega hablar durante dos horas, decía cosas muy interesantes pero de un tema saltaba a otro y después a otro y llegaba un momento en el que no sabes porqué está hablando. A esta asignatura, conforme iban pasando los días, cada vez asistían menos compañeros/as. Yo no me perdí ninguna clase, soy muy dependiente de las sesiones, me siento muy insegura si tengo que sacar una asignatura sola, además pienso que me estoy perdiendo cosas interesantes de las que podría aprender.
Lo mismo ocurrió con Métodos de Investigación en Educación II. Tenía muchos contenidos sobre estadística y yo jamás había dado nada sobre eso. La media de alumnos/as asistentes rondaba entre los 6 ó 7. Todos los días me sentía como si me hablasen en otro idioma y no entendía nada, pero yo no tiraba la toalla, seguía asistiendo como si por el simple hecho de estar allí fuera a generar conocimientos. Algo se me quedó, me leí todo el temario para el examen, realicé esquemas, ejercicios, resúmenes y unos días antes quedé con unas compañeras que me resolvieron muchas dudas. Aprobé el examen con buena nota, incluso he conseguido que algunos aprendizajes hayan quedado grabados hasta ahora. El mérito se lo doy a las compañeras que me ayudaron y que me hicieron ver las cosas con más sencillez y claridad. Hoy todavía tengo compañeros/as con esa asignatura suspensa y pienso que en parte se debe al absentismo y a la falta de comprensión, por no olvidar el optimismo y la dedicación. Por otra parte, la profesora se debería cuestionar porqué suspenden tantos alumnos/as, aunque la asignatura sea difícil existen metodologías y didácticas que facilitan el aprendizaje.
Procesos Psicológicos Básicos fue una asignatura que planteaba muchas prácticas de reflexión y razonamiento, los contenidos eran muy interesantes y me ayudaron a comprender mejor los procesos psicológicos básicos del ser humano como la atención, la memoria, etc.
El primer año de Pedagogía me hizo ver que estaba en el camino correcto y que se abría un sinfín de posibilidades para mejorar como persona ayudando a los demás. Me hizo replantearme mi personalidad, cómo me ven los demás y cómo quiero que me vean, que al ser un lugar nuevo con gente nueva no me persiguen los prejuicios y el pasado de modo que todo dependía de cómo me comportaba con los demás. La ilusión que siempre había sentido con la escuela ahora era mucho mayor y entusiasta. Mis compañeras me decían que yo siempre llego con una sonrisa en la cara y que era una persona muy alegre, pero en realidad simplemente estaba a gusto y disfrutando con lo que hacía. No me pesaba madrugar todas las mañanas más de la cuenta para coger un autobús y llegar media hora antes de las clases porque siempre me encontraba a algún compañero/a con el que conversar, mi grupo-clase estaba muy unido.
A partir del segundo año el número de asignaturas crecería considerablemente. La primera vez que me matriculé nadie me orientó acerca de los créditos de asignaturas optativas y de libre configuración, por lo que tuve que hacer malabares con los créditos y realizarlos como podía. Me gustaba tener que elegir, planificar mi currículum, en qué quería especializarme. Siempre me ha gustado asumir responsabilidades.
El segundo año conocí a Nacho Rivas y Analía Leite que daban la asignatura Organización y gestión de centros. Me sorprendieron bastante porque me esperaba reglamentos, planes de centro, etc., en cambio la primera tarea que realizamos fue escribir nuestra biografía escolar para después compartirla, analizarla, categorizar elementos y realizar nuestra propia visión de la escuela. Además hicimos otras prácticas y seminarios que nos hicieron reflexionar sobre el sistema educativo y replantearnos principios que estaban asumidos.
En Historia de la Educación conocimos a Juan Leiva, un profesor muy divertido que nos daría posteriormente otras asignaturas. Fomentaba mucho la participación en clase, la reflexión y conexión con nuestras experiencias, siempre con un toque de humor. Conocía a cada uno de mis compañeros/as y procuraba que todos tomáramos la palabra para compartir lo que sabemos y pensamos. El punto débil de Juan era su obsesión por mandar tareas para casa. Todas las semanas mandaba trabajos y prácticas tanto individuales como grupales que nos tenían siempre ocupados. Conforme pasaban semanas iba escarmentando, ya que se daba cuenta de que toda esa cantidad de trabajo que nos mandaba tenía que corregirlo él después, así que se controlaba un poco.
En el campo de las TIC tuve a dos profesores Manuel Cebrián y Juan José Monederos, ambos compañeros de proyectos de investigación relacionados con este tema. Comencé a adentrarme en el uso de las tecnologías en educación y descubrí que no se me daba mal diseñar recursos. En vacaciones de Navidad recibí una llamada de teléfono de Manuel Cebrián para darme la enhorabuena por mis resultados en la evaluación (que se había adelantado) y me propuso trabajar con él como becaria en sus proyectos de investigación. Yo accedí encantada muy halagada por haber reparado en mí y no me puedo quejar porque pude aprender mucho y sin un trabajo excesivo.
En aquel entonces Manuel y juan José trabajaban por encargo de Novasoft en la formación de docentes para el uso de las TIC en el colegio privado Añoretas. Mi tarea y la de mi compañera Alicia (a la que también le ofrecieron colaborar) era ayudar a los profesores/as a buscar toda la información y datos necesarios para que ellos diseñaran sus propios recursos. Mi participación en el proyecto solo duró ese curso ya que el año siguiente la empresa no aportó medios económicos para las becarias. Finalmente el proyecto fracasó por falta de seriedad por parte de la empresa en su trato con los profesionales de la universidad. Estoy segura de que la mayoría de los docentes y padres se alegraron de ello porque no acogieron los cambios con mucha alegría, se resistían a cambiar por imposición las metodologías y recursos y así es imposible lograr una verdadera formación e innovación educativa.
Juan José Monedero era un profesor del que aun me planteo muchas preguntas. Tenía la asignatura planificada al milímetro, todas las prácticas, fechas, fuentes de información a las que debíamos acudir para aprender los contenidos. La asignatura se centró en la realización de un blog donde subíamos recensiones sobre artículos cuyos enlaces colgaba en el campus virtual. También hicimos una guía didáctica, un video y un multimedia sobre un mismo tema: la fauna marina de la Costa del Sol. Las clases se dedicaban a la lectura de artículos y recensiones, apenas tuvimos sesiones donde el profesor explicaba algo, su papel podía ser perfectamente remplazado por un robot ya que prácticamente no hablábamos con él. La evaluación de los blog consistió en una coevaluación donde cada alumno/a evaluaba con una rúbrica varios blogs de otros compañeros/as. El profesor evaluó los videos, las guías y los multimedias. Fue interesante que los discentes tomáramos el papel de evaluadores, además la rúbrica se centraba en dar unos indicadores que intentasen demostrar la adquisición de unas competencias, pero finalmente acababa en un resultado numérico.
Iván López fue nuestro profesor de Asesoramiento curricular en el área de Educación Física. Fue una de las asignaturas en las que más disfrutamos todos mis compañeros. Pudimos conocernos mejor ya que era totalmente práctica y participativa. Pude apreciar la importancia que tiene realmente la educación física en la educación. Nos dividimos en grupos y cada uno organizó y realizó sesiones prácticas sobre distintos temas (discapacitados psíquicos, físicos y sensoriales, riesgo de exclusión social, educación ambiental, educación para la paz, educación para la igualdad de sexos, etc.), todos ellos relacionados con la educación física.
En Asesoramiento curricular en el área de lengua pude conocer a María, una compañera con la que forjé una gran amistad. Al principio chocábamos mucho porque ambas teníamos un carácter muy parecido, con tendencia a ejercer el rol de organizadoras del grupo y muy creativas. Teníamos que realizar una unidad didáctica de Educación Plástica que respondiera a la idea fundamental del desarrollo artístico, creativo y personal. Después de muchas discusiones supimos ponernos de acuerdo y aprovechar las ideas de todos, quedando finalmente un trabajo espectacular donde la unidad didáctica planteaba una interdisciplinariedad con otras artes como la música y la danza, sintiendo el producto obtenido como un trofeo logrado por un trabajo realmente en equipo que aportaba ideas de cada una.
El Practicum I lo realicé en el I.E.S. Campanillas junto a Raquel, la orientadora del centro. Resulta incoherente el título prácticum con la tarea que debíamos avisar que era únicamente observar y analizar. Yo no iba a dejar pasar una oportunidad ten buena para aprender e hice caso omiso de mi rol ofreciéndome voluntaria para ayudar en todo lo que la orientadora necesitase. A lo largo de la carrera he aprendido que los pedagogos estamos para ayudar y facilitar la labor al docente, así que yo quise sentirme en mi profesión. Raquel me dejaba participar en casi todo lo que hacía y me enseñó lo que implica ser un orientador, ya que hasta ahora no lo sabía (la orientadora de mi instituto no se acercaba para nada a lo que hacía Raquel en este centro). Un orientador/a es un guía del alumnado, profesorado y familia, está al servicio de las necesidades y debe actuar desde la prevención y actuación en los problemas. Por otro lado, también pude ver de cerca la labor de la maestra de Pedagogía Terapéutica, y me pareció un trabajo precioso. Hasta ahora las necesidades especiales me había infundado cierto respeto y miedo, pero desde entonces pensé que ese ámbito podría enriquecerme a través de la ayuda a los más necesitados y vulnerables.
Con Lola Madrid aprendí a dar rienda suelta a mi creatividad y conocí diversos recursos y técnicas para favorecer su desarrollo.
El tercer curso tuve una asignatura llamada Diseño, Desarrollo e Innovación del Currículum dirigida por Nieves Blanco. Fue la primera vez que reflexionamos sobre qué es el currículum. El currículum es un concepto complejo y abstracto que depende del sujeto y del contexto en el que se encuentra. Después de lecturas y prácticas de clase, tuvimos que sentarnos y reflexionar para plasmar lo que entendemos por currículum en un ensayo. El currículum es único y divergente ya que cada alumno/a va formando el suyo propio como si se tratase en una pieza de barro a moldear para crear un jarrón único. Está compuesto por todo el conjunto de bases teóricas, por la planificación, los recursos, las prácticas y experiencias incluyendo aquellas cosas que surgen y se aprenden y que el docente muchas veces no puede controlar. Pero en realidad este concepto va más allá de lo tangible si está fundado en aprendizajes con sentido y en la autonomía educativa:
“…aprender a aprender es el camino hacia el tesoro de la educación, un tesoro en sí mismo que nos abre los sentidos hacia la vida. La sensación que sentimos al descubrir esto es  como oler una flor y captar su aroma, como dar un beso y sentir el amor, como encontrar la belleza en una canción y sentir cómo se te eriza el vello, en definitiva, entender el currículum como música en nuestros oídos.”  Fragmento del ensayo “El currículum como música en nuestros oídos” por Rosa Vallejo.
Tuvimos de nuevo el placer de tener a Mariana Alonso como profesora en Pedagogía Social. Disfruté aun más que el primer año, ya que había madurado muchas ideas y principios de pedagogía, así que pude vivir la realización del portafolios con mucha más conciencia y dedicación, dependiendo menos de la profesora y dejándome llevar por mis motivaciones. Además fue una asignatura muy interesante ya que apenas habíamos tratado antes el ámbito social y pudimos acercarnos a la realidad de los distintos contextos que nos rodean y de lo que supone la labor del trabajador social y las asociaciones, unos aliados que pueden ser muy fuertes si lo aprovechamos e incluso posibles salidas profesionales para los pedagogos/as.
La asignatura Técnicas de la Comunicación Oral y Escrita fue muy importante para mí. Eugenio Maqueda, el profesor, negoció con nosotros la asignatura. Pretendía que le sacásemos partido y aprovechásemos al máximo su ayuda. La asignatura planteaba demasiados contenidos, así que decidimos centrarnos en la comunicación oral. Aprendimos a ser buenos comunicadores y oradores mediante exposiciones individuales, teniendo que hacer frente al miedo al público y a nuestras dificultades para expresar verbalmente y con la intencionalidad del cuerpo y los gestos. Se podría pensar que la asignatura era muy técnica y alejada de la pedagogía en sí, pero era algo que necesitábamos. Todos habíamos tenido que exponer y hablar en clase, pero nadie nos había aconsejado y ayudado a corregirnos. Sirvió como una herramienta para mejorar la comunicación, la seguridad en mí misma y pude poner en práctica todo lo aprendido en el resto de exposiciones que tuve en adelante. De todas formas se ven en la didáctica y metodología de la clase principios fundamentales: los alumnos/as eran los protagonistas, aprendíamos unos de otros a través de sus exposiciones, de sus puntos fuertes y de las recomendaciones de mejora que le hacía el profesor; el tema y la dinámica de la clase la negociamos entre todos.
En la asignatura Evaluación de programas, centros y profesores, descubrí el lado antipedagógico de Francisco Antonio Díaz. Dedicó la asignatura a hablar sobre bioética y a explicarnos por qué su posición en esos temas polémicos es la correcta según él. Yo no daba crédito a lo que estaba ocurriendo, me sentaba en clase y no podía soportar que intentaran someterme a un lavado de cabeza. Las primeras semanas tenía que salirme de clase porque chocaba con todo lo que había aprendido hasta ahora. Hable con mis compañeros/as para denunciar lo que estaba ocurriendo pero tuve que olvidarme de ello porque la mayoría quería dejarse llevar, ya que el profesor no ponía examen. Ante la falta de principios que demostraron mis compañeros tuve que morderme la lengua y obligarme a permanecer en clase ya que era una asignatura troncal y no podía dejar a un lado.
Francisco controlaba la asistencia todos los días. Había alumnos/as que entraban a clase, esperaban a que pasase lista y después se iban, pero al profesor parecía no importarle de modo que a primera hora había muchos compañeros/as y al final de la clase solo quedábamos cuatro o cinco. También este profesor ponía positivos cada vez que alguien levantaba la mano para decir algo, supongo que para valorar la participación pero no importaba lo que uno dijese o argumentase, por el simple hecho de hablar ponía positivo. Realizamos cada alumno/a un blog sobre los temas de la asignatura que él no desarrolló y una exposición en grupo. Al final de curso, el día asignado para el  examen se dedicó a preguntar alumno por alumno qué nota quería que le pusiese y sin necesidad de argumentación ni explicación él ponía la calificación que le decían. De esa manera este señor es docente de futuros pedagogos, hablando sobre temas sesgados que a él le interesan sin importarle si quiera el nombre de la asignatura. Gracias esa metodología y falsa autoevaluación perpetúa su cargo docente en una universidad pública donde los alumnos/as se dejan llevar por el camino fácil y alejado de una verdadera formación.
En este año tuve otra de las asignaturas que consideraban más difíciles de aprobar: Diagnóstico de Necesidades Educativas. La metodología era un tanto tradicional ya que distinguía una parte teórica de otra práctica. La teoría se desarrollaba a través de sesiones magistrales llevadas a cabo por Eduardo Elosegui que después fue evaluada con un examen de multirespuesta cerrada. En las sesiones prácticas se coordinaba con Loli Casquero y aprendimos a aplicar, analizar y evaluar distintas pruebas diagnósticas. Aprendí muchísimo sobre  el diagnóstico, pude comprobarlo al año siguiente en el Practicum II.
Comencé mi último año de carrera con una conciencia despierta de hambrienta sed por aprovechar al máximo las posibles experiencias de aprendizaje, estando presente en todo momento el sentimiento prematuro de añoranza. Disfruté todo lo que pude de mis amigas y compañeras de grupo, pero desgraciadamente el último año fue asfixiante. Tenía muchísimas asignaturas que me ocupaban mañana y tarde teniendo que hacer un paréntesis en mi educación musical en el conservatorio para poder dedicarme por completo a terminar la carrera. Realizábamos muchísimos trabajos diariamente en el aula y en casa, de modo que apenas podíamos disfrutar entre tanto estrés.
En la asignatura Asesoramiento curricular en el área de Lengua y Literatura aprendimos a reivindicar una formación y trato decente ante la actuación poco correcta de Begoña Souviron. Tenía una actitud muy prepotente y en varias ocasiones nos dejó en evidencia hasta el día en que tuve que salirme de clase ante la impotencia de no soportar esa situación. Mis compañeros se sintieron identificados conmigo y nos unimos para protestar ante el decano. Esta actuación hizo que la profesora se replantease el trato que debía dar a sus alumnos y la forma de enseñar. Cambió su comportamiento pero se percibía la hipocresía de sus actos. Por otra parte entiendo que es muy difícil cambiar esquemas de pensamiento y espero que al menos nuestra reivindicación supusiera un choque provocador de la reflexión y replanteamiento. Aprendimos que los alumnos/as podemos promover cambios y se debería convertir en un deber fundamental no solo por nuestra condición de discente sino también de pedagogos/as.
A pesar de estas malas experiencias y algunas otras que no voy a relatar puedo citar muchísimas más de buenos momentos y vivencias. Este último año tuve el placer de conocer a Susana Martín, una docente novel que no lo hacía nada mal. También fueron mis profesores Federico Gallardo y Susana de las Nieves que han pasado de ser guías en e aprendizaje a ser compañeros de aprendizaje en el máster. Otro profesor muy importante en mi formación ha sido José Manuel de Oña en Filosofía de la Educación, donde hemos aprendido valores fundamentales para afrontar nuestra profesión y nuestra vida.
Hay algunos profesores más determinantes en mi proceso de formación y muchos aprendizajes teórico-prácticos pero no quiero extenderme demasiado. Pedagogía ha supuesto para mí una etapa importantísima donde se han abierto mis sentidos hacia nuevas posibilidades de percibir, interpretar, analizar y aprender en el mundo, donde me he redefinido como persona tanto interiormente como socialmente, donde he descubierto que lo que quiero es ayudar a otras personas a crecer, que educar es caminar y caminar es educar.
…La educación tiene una doble dimensión: Por una parte nos ayuda a crecer y a desarrollarnos para que caminemos hacia nuestra felicidad, pero por otra parte, a través de la vida misma vamos viviendo experiencias que nos educan porque de la vida cotidiana se pueden extraer muchísimos aprendizajes. Para ello es necesario vivir con conciencia cada momento teniendo nuestros sentidos abiertos a la observación y a la reflexión. Fragmento del ensayo “Educación: Un camino hacia la razón y el sentir”  por Rosa Vallejo.
No puedo olvidar que hay otros profesionales que han plantado la semilla de la formación en mí como Ángel Pérez, José Manuel Esteve, José Conteras, Gimeno Sacristán y otros que han plasmado su saber en lecturas y artículos, profesionales en activo que se han acercado a nosotros para compartir sus experiencias y Rocío Gómez, profesional de la Clínica Mentes que tutorizó mi Practicum II y me enseñó a aplicar todo lo que sabía sobre el diagnóstico junto con los principios y valores éticos que guían a un profesional para ayudar a un niño/a a aprender sin poner limitaciones con etiquetas.

DANZA, ARTE EN EL QUE LA MÚSICA COBRA VIDA CON EL CUERPO
Mis comienzos en la danza van unidos a los comienzos de mis hermanos mayores en la música. Mis padres matricularon a mis hermanos Moisés y Carlos en el Conservatorio Martín Tenllado con 10 y 8 años respectivamente. Compraron un piano para Carlos y una guitarra para Moisés y a partir de entonces mi hogar estaba lleno de música, acompañándome a lo largo de mi crecimiento. En este colegio que funcionaba de conservatorio por las tardes, también había clases de baile. Cuando tenía entre 3 y 4 años mi madre me apuntó a esas clases para que no perdiese el tiempo mientras esperábamos a mis hermanos. Fue así como me inicié en la danza. Después tuve que dejarlo durante dos años porque era muy difícil compaginar los horarios de mis hermanos y el mío.
Cuando nos mudamos a la Estación de Cártama, vimos academia de baile de Paqui González muy cerca del colegio y como yo tenía muchas ganas de volver, mi madre me apuntó. Muchas compañeras de clase siguieron de ejemplo y también se apuntaron. A partir de entonces formé parte de esta academia hasta ahora. Paqui era una mujer con una fuerza de voluntad enorme que vivía su pasión por la danza a pesar de los grandes problemas que tenía en casa. Era su vía de escape, de desahogo, de hacer realidad en sus alumnas su propio sueño. Tiene un carácter un poco alocado, alegre, una máscara para ocultar las dificultades por las que pasa. Con ella aprendí lo que era la disciplina, la fuerza, el ritmo, educar el oído, la compenetración al bailar con el resto de compañeras, la belleza del movimiento, sentir la música con el cuerpo y la mente.
En los primeros años bailábamos flamenco y música moderna ya que a esa edad nos gustaba más la música famosa del momento, pero conforme pasaban los años, con un poco de base de clásico, nos perfeccionamos en el flamenco y la danza estilizada (o clásico español). Realizábamos los bailes que aprendíamos en las fiestas del pueblo, feria de Málaga, parques temáticos, etc.
Unos años después conocimos a Luci Montes, una profesora muy reconocida tanto en Málaga como en España de flamenco. La contrató Paqui porque ella decía que nos había enseñado todo lo que sabía. Luci tenía la formación completa danza clásica de conservatorio y además estaba inmersa en el mundo del flamenco. A simple vista no parecía una bailaora, ya que era muy pequeña y obesa, tenía problemas de rodilla y unos brazos cortitos. Pero cuando se ponía a bailar impresionaba a cualquiera. Tenía un oído muy desarrollado y enseguida se daba cuenta si alguna lo estaba haciendo mal. Cuando regañaba “decía el pecado pero no el pecador”, porque ella piensa que la implicada sabía que se refería a ella y no había necesidad de ridiculizarla.
Poco a poco, conforme pasaban los años iban y venían nuevas compañeras hasta que al final sólo quedamos las mismas de siempre, las que disfrutábamos con ello y nunca abandonamos, de manera que nos compenetramos mucho bailando. Actualmente nos encontramos en un periodo sabático ya que cada una está realizando estudios diferentes y es muy difícil fijar un horario donde podamos ir todas. Estoy barajando la posibilidad de unirme a la academia privada de Luci porque echo de menos bailar.

EDUCACIÓN MUSICAL:
Conforme iban pasando los años e iba creciendo en un entorno lleno de cultura musical, yo también deseé aprender a tocar un instrumento. Tendría unos 12 ó 13 años cuando le dije a mi madre que quería tocar el saxofón, ella me dijo que no podía ser porque no tenía dinero para comprarme un instrumento que no sabía si me terminaría gustando para realizar los estudios musicales.
Cuando mi profesor del instituto, Alex, me dijo que iban a abrir una escuela de música y que ésta prestaba los instrumentos, vi la oportunidad que estaba esperando para realizar una de mis metas: aprender a transmitir con la música. El día que iba a entregar la solicitud me surgió una duda repentina: no sabía si me gustaría más el saxofón o la flauta travesera. Siempre me había gustado el saxofón pero recientemente estuve escuchando a un flautista y me parecía un instrumento hermoso. Finalmente me inscribí en flauta.
El primer año de la escuela de música de Cártama era no oficial porque aún no tenían los convenios firmados con la Junta de Andalucía. Conocí a Alonso Moreno, el profesor que me dio Lenguaje Musical hasta la prueba de acceso a las enseñanzas profesionales. Era un profesor muy joven que estaba en los últimos años de estudio en el Conservatorio Superior, de carácter tímido pero muy implicado con sus alumnos/as, siempre preocupado porque todos aprendiésemos. Mis inicios con la flauta se vieron entorpecidos porque en aquel momento tenía ortodoncia, por suerte me la quitaron al poco tiempo y enseguida pude avanzar.
Mi vecina y mejor amiga, Marta, se apuntó a saxofón así que pude acercarme más y conocerlo. Cuando me matriculé el siguiente año decidí cambiarme a saxofón. La flauta me gustaba pero el saxofón era lo que siempre había querido.
Pronto alcancé a Marta en el estudio de obras y comenzamos a tocar en audiciones. El saxofón es un instrumento potente que puede ser dulce, dinámico, estridente. Su forma curvilínea me recuerda a las ondas del sonido. Siempre me he preocupado por sacarle un sonido limpio y bello, antes que de la técnica. Mi profesora fue Elisa Urrestarazu, una chica prodigio con el saxofón especializada en la música contemporánea. Era muy buena, simpática y comprensiva, dejaba que tocase las obras y canciones que me gustaban en los conciertos.
Poco a poco, gracias a las clases de lenguaje musical, coro y orquesta fui relacionándome con mis compañeros que pronto nos hicimos muy buenos amigos. La pasión por la música era una característica que nos unía a todos.
Una vez terminada la enseñanza básica, casi todos mis compañeros/as y yo nos presentamos a la prueba de acceso a las Enseñanzas Profesionales en el Conservatorio Manuel Carra y todos aprobamos. Enseguida vi las diferencias entre la escuela y este centro: El trato profesor-alumno era mucho más cercano en la escuela de música. Al haber menos profesores/as (entre los que estaba mi hermano mayor) y alumnos/as la organización y coordinación funciona mejor que en el conservatorio donde no conocía a la directora. El sentimiento de familiaridad de la escuela de música me hizo seguir participando en coro y orquesta, colaborando en los conciertos tocando con mis amigos.
Mis estudios de música los estoy realizando por una necesidad de saciar mi búsqueda de perfeccionamiento, de cultivarme según mis preferencias y metas. Sabía que entender la música me ayudaría entenderme a mi misma, de ver el mundo desde otra perspectiva, de dar significado y valor a mí los estímulos de mi oído. Pero la música me ha dado mucho más: ha hecho que me sienta más cercana a mis hermanos, que conozca a personas maravillosas y que comparta experiencias con ellos. He aquí lo fantástico de buscar nuevas experiencias: difícilmente va a ser lo que uno espera, es cierto que en parte sí he obtenido lo que esperaba, pero lo sorprendente es que el regalo ha sido mucho más grande.

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